El legado de tres generaciones de una familia de yiperos de Armenia
- ad-q-asomos
- 7 enero, 2026
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Rafael Pérez es un reconocido yipero de Armenia. Hace más de 20 años fue bautizado por sus colegas como Pesebre, pues su Jeep Willys se destacaba en las navidades por las extensiones de colores que él mismo le instalaba artesanalmente.
Su amor por el oficio de yipero y por estos vehículos siempre lo ha motivado a ir más allá. Además de innovar con los Willys navideños, también lo hizo con las piruetas que realiza a bordo de estos carros, en una propuesta que años después todos conocerían como los piques acrobáticos.
«Empecé a manejar desde los 12 porque mi papá siempre tuvo Willys. Mi papá tenía una fonda en Pueblo Tapao y yo andaba con él para todos lados, y ahí aprendí a manejar el carro. Yo adoro esos carros y mi familia también»
dijo Rafael.
Sus acrobacias y sus Willys lo han destacado incluso a nivel nacional. Hace años dejó de transportar personas y actualmente se dedica a las exhibiciones en diferentes ferias y eventos, además de que tiene un taller en Armenia donde se dedica a la reparación y restauración de Jeep Willys.
La afición por los Willys la comparte con su esposa, Paula Andrea Orozco, e incluso con su pequeño hijo, Miguel Ángel.
Su esposa, quien también tiene un Jeep Willys, heredó de su padre el amor por estos vehículos. «Muchos dirán que es un trabajo rústico para una mujer y que es difícil, pero la gente lo admira más a uno por ser mujer y manejar un vehículo como estos», dice Paula Andrea.
La tradición parece mantenerse, pues su hijo de 9 años, que creció en medio de carros y desfiles de yipaos, ya es aficionado a los Willys y asegura que será yipero como sus padres y abuelos. De hecho, el pequeño Miguel Ángel ya maneja una réplica de Willys construida por su padre.
«Al niño le han gustado mucho los Willys, él vive enamorado de ellos. El papá le construyó uno solo para él. Nos da mucho orgullo saber que nuestro hijo siga el legado de nosotros, pero también quiero que estudie, que tenga otra profesión alterna. A mi niño desde pequeño se le ve la pasión por el Jeep: cuando me toca firmar en eventos y poner que soy yipera, él también quiere firmar como yipero»,
relató la mujer.
Mientras su carro da vueltas sostenido únicamente por las llantas traseras y cargado con sacos de café, su hijo le hace barra en la parte de atrás del vehículo y ovaciona a su padre igual que cientos de personas. «El niño ya quiere hacer piques, quiere ser yipero. Yo manejo y él sale por la ventana con el poncho. El carro que le hicimos tiene motor, cambios, freno, dirección, es una réplica exacta y él ya sabe cómo manejarlo. Qué bueno que los hijos siguieran la tradición, pero algunos ven que no hay mucho apoyo y por eso buscan otros oficios», narró el yipero.
La familia Pérez Orozco se ha beneficiado con el turismo, pues en varias fiestas de municipios del Quindío y otros departamentos, y en desfiles de yipaos, como el de Armenia, son patrocinados por marcas comerciales para que presenten su repertorio de acrobacias mientras sus carros llevan publicidad de algunas empresas. Pesebre es uno de los yiperos más reconocidos y aclamados por la multitud de asistentes.
Incluso hace unos 4 años, en la Fiesta Nacional del Café, en Calarcá, Pesebre fue declarado fuera de concurso y nombrado maestro yipero mediante un acuerdo municipal.
«A mi esposa y a mí nos buscan de muchos lados, nos llaman de otros departamentos para exhibir los carros en sus fiestas. También realizamos exhibiciones en eventos, hoteles y matrimonios».
