La vocación del trabajador rural, nuestra garantía de sostenibilidad

El orgullo que hoy sentimos del Paisaje Cultural Cafetero tiene detrás relatos de hombres y mujeres que se enfrentaron a la rudeza del campo para sacarle sus mejores frutos. De esa historia nos queda claro que este territorio siempre ha sido fértil y que las manos de nuestros campesinos fueron el soporte de la economía del país en aquellas épocas en las que bondadosas cosechas de café fueron sinónimo de bonanza y prosperidad.

El orgullo que hoy sentimos del Paisaje Cultural Cafetero tiene detrás relatos de hombres y mujeres que se enfrentaron a la rudeza del campo para sacarle sus mejores frutos. De esa historia nos queda claro que este territorio siempre ha sido fértil y que las manos de nuestros campesinos fueron el soporte de la economía del país en aquellas épocas en las que bondadosas cosechas de café fueron sinónimo de bonanza y prosperidad.

Aunque el país reclama una reforma que ponga a nuestro agro en la posición que merece, siempre ha estado allí este protagonista silencioso a cuya vocación le debemos la seguridad alimentaria de las ciudades colombianas.

Lo que hoy conocemos como el Quindío fue la tierra prometida de muchos colonos que vinieron de Antioquia en busca de un mejor futuro para sus familias, cuando estos baldíos se hallaban más allá de los límites de la civilización, hace aproximadamente doscientos años, y no se equivocaron en sus pálpitos.

Sus manos encontraron la fertilidad en los campos, y sus corazones, la razón para sembrar un porvenir que fue primero a base de cultivos de tabaco, sustituidos luego por el café, que llegó a establecer su propia impronta.

De ahí a nuestra realidad actual se pueden contar capítulos difíciles, como cuando se cayó el Pacto Cafetero, a finales de los 80, y se debió transitar a otros cultivos, y, en medio del cambio, de nuevo el trabajador de la tierra tomó su papel como protagonista de la transformación.

¿Y de qué están hechos?

Podríamos afirmar que son dueños de conocimientos infinitos de agricultura, la mayoría de ellos obtenidos a base de procesos empíricos. La agroindustria ha traído las actividades tecnificadas que han perfeccionado las labores, sin embargo la palabra del trabajador rural sigue siendo la voz de la autoridad, de quien garantiza que el alimento se desplace a los centros mayoristas para nuestro consumo.

Hombres y mujeres son recios al sol y al agua, son disciplinados para avanzar al ritmo que exige la madre naturaleza y no se atemorizan por las circunstancias difíciles que a veces impone el medio ambiente donde desarrollan sus tareas de campo.

Su permanente legado es la cosecha y su mejor aliado su familia, fuente de sus motivaciones y principal soporte de trabajo. Preservar la figura del campesino como eje central de la producción es el motor de nuestra supervivencia.

En la actualidad se registran 5.076 familias cafeteras, y otras se mueven entre diferentes cultivos, como el plátano, los cítricos, la piña, el aguacate, la caña panelera, el banano, el cacao y los pastos. Otros frentes muy dinámicos se identifican desde el sector pecuario: bovinos, aves y cerdos captan el mayor potencial de actividades.

En 184.500 hectáreas, un territorio relativamente pequeño de nuestro país, se suman atributos suficientes para potenciar una oferta agroecológica ambiciosa y productiva. Con pisos térmicos que van desde los 1.000 hasta los 4.000 metros sobre el nivel del mar, ninguna semilla se niega a germinar. Hoy, el Quindío sigue siendo esa tierra prometida que percibieron aquellos visionarios colonizadores.

campesino quindiano

Comfenalco y el trabajador rural

Para Comfenalco Quindío, el trabajador rural tiene un significado especial por su relevancia en el entorno productivo de la región. Un total de 8.343 personas del sector se registran como afiliados y beneficiarios, de ellos 2.778 reciben una cuota monetaria mensual de $45.100 y los restantes reciben subsidios en servicios.

En la fecha actual, la Caja posee 1.019 empresas afiliadas provenientes de este segmento económico, sobre las que viene efectuando un acompañamiento especial, buscando que esta comunidad realice un mayor aprovechamiento de los beneficios que desde Comfenalco se implementan. 

Durante seis años se ha celebrado en el parque Soledén el Día del Trabajador Rural, un evento de carácter recreativo y cultural que se utiliza como trampolín para darle a conocer las ventajas de ser afiliado.

Sin lugar a dudas, es una fuerza productiva que merece siempre mayor atención y toda la valoración de quienes desde una oficina, un transporte público o el hogar saben que alguien en el campo se empeña cada día para que en la plaza de mercado permanezcan los alimentos que necesitamos.



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