Las lecciones vitales de la pandemia

Por: María Elena López

En estos tiempos complejos de medidas restrictivas, cuarentenas, extensiones del confinamiento y señales de alarma, que generan incertidumbre porque no sabemos qué pasará, a dónde llegaremos y cómo se resolverán tan innumerables contingencias, es momento también para mirar el otro lado de la moneda y recoger los buenos aprendizajes dejados por las experiencias vividas y que representan ganancias y activos que podemos capitalizar.

Estos ponen en evidencia los recursos de que disponemos para enfrentar eventos difíciles y ajustarnos de la mejor manera a situaciones nuevas, replicar lo que ha funcionado y disminuir o eliminar lo que no ha servido. Hemos aprendido nuevos hábitos que nos protegen, el uso versátil de la tecnología y estrategias exitosas de convivencia. Nos hemos arreglado para gestionar el tiempo y adaptar los espacios para la familia y el trabajo, a ser proactivos para lidiar con las emociones, como la tristeza, la angustia, el aburrimiento o la desmotivación, y disfrutar lo que tenemos a mano.

A través de un proceso complejo que exige amor, aceptación, creatividad y persistencia, también hemos tenido que desaprender algunas prácticas que nos hacían la vida más amable, como abrazar, estar cerca, visitar los amigos y la familia, viajar, hacer celebraciones o tomar vacaciones. 

Comparto con ustedes algunos de los aprendizajes que he visto que nos son útiles en este momento y que responden a un propósito mayor, porque verdaderamente dan significado y bienestar a nuestra vida en medio de la pandemia.

MANTENER LA CONFIANZA

La confianza en que las cosas realmente mejorarán es nuestro mayor apoyo a la hora de afrontar estas adversidades. Nos da seguridad y ayuda a vencer el miedo, el estrés y la preocupación. Es un sentimiento que podemos cultivar en el día a día, hacia la familia, las instituciones y hacia nosotros mismos.

UN OPTIMISMO REALISTA

Una dosis de optimismo es una manera para ver oportunidades y no solo sentirnos víctimas de las restricciones. Se trata de poder enfrentar las crisis a las que nos hemos visto abocados, considerando las posibilidades y aprendiendo a interpretar esos contratiempos, proponiendo soluciones y alternativas.

ACEPTACIÓN Y FLEXIBILIDAD FRENTE AL CAMBIO

Necesitamos la flexibilidad para hacer los ajustes que se requieran para vivir con la nueva realidad y prepararnos para responder con inteligencia, creatividad y responsabilidad a las nuevas contingencias. Es una oportunidad para desarrollar competencias y habilidades a las que no estábamos acostumbrados, y ponerlas al servicio propio y de otros.

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ACEPTACIÓN CON RESPONSABILIDAD

Aceptar con apertura lo que nos exige la situación nos permite enfrentar positivamente nuestras emociones y las de los demás. Tener actitud para hacer las cosas que son necesarias en este momento contribuye a mantenernos presentes, en lugar de dejarnos llevar por pensamientos de ansiedad sobre el futuro. Además, hacer individualmente lo que toca genera una dinámica que se va volviendo colectiva y nos favorece a todos. 

EL VALOR DE LOS ACTOS DE SOLIDARIDAD Y BONDAD

Enfrentamos como sociedad una amenaza común que se traduce en angustia y sufrimiento, razón por la que necesitamos reconfortarnos, alentarnos, ayudarnos mutuamente. La bondad es una acción con potentes efectos, especialmente necesarios en estos tiempos difíciles. La colaboración de todos es la premisa para salir adelante en una relación gana-gana, que genera esperanza y buenos resultados.



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